lunes, 7 de diciembre de 2015

Neil Gaiman - Muerte: El Alto Coste de la Vida (1993)


-Eso no me gusta, pero... Forma parte del todo. Y ese todo existe, ahí fuera. Y forma parte de la vida. Las partes buenas y malas. Lo aburrido y lo doloroso.

La muerte es lo que más obsesiona al hombre desde que se dio cuenta que todo iba acabar siendo polvo y ceniza. Daba igual lo que hubiera hecho antes. Si tienes poder, mueres. Si tienes dinero, mueres. Si tienes amor, mueres. Da igual que seas joven, abstemio, vegano o que corras todo los días por la mañana. Vas a vivir una sola vida, esa es la enseñanza de la muerte. Y a pesar de que personalizarla se ha hecho en numerosas ocasiones, pocas veces se ha conseguido que la muerte refleje todo su poder al mismo tiempo que su piedad como lo ha hecho Neil Gaiman en Sandman.

Ya hablamos hace tiempo de esta gran obra. Muerte es uno de los Eternos, la más cercana a Sueño,protagonista del cómic, y posiblemente la más carismática para la mayoría de los lectores, aunque yo prefiero a Delirio. Era cuestión de tiempo que Muerte tuviera un spin-off donde gozase de un mayor protagonismo.

El argumento es sencillo. Cada cien años se le otorga a Muerte un día como mortal para que pueda comprobar por si misma los placeres de la vida. En ese día su destino se cruza con el de un joven nihilista con tendencias suicidas con una estética similar a Kurt Cobain llamado Sexton. Junto a Muerte este joven descubrirá lo maravillosa que puede ser la vida en una noche de locura.

Ya desde el encuentro inicial, se encuentran en el vertedero mientras el joven está atrapado bajo un frigorífico, Muerte se hace con las riendas del relato. Su ironía y su optimista visión de la vida no exenta de realismo contrasta frontalmente con la visión apática de Sexton que a sus dieciséis años se cree que ya sabe todo.

¿Por qué Muerte nos atrae si en toda la colección de Sandman se dedica a acompañar a los muertos, alguno todavía en la flor de la vida? Porque entiende su trabajo y se muestra como alguien necesario e incluso bueno para la salud del universo. No abusa de su poder como hace Deseo y no tiene los momentos de zozobra de Sueño. Sabe el valor de cada vida, para ella es lo mismo llevarse a un rey, a un ladrón, una princesa o una fulana. La muerte nos iguala y es insalvable. Ya que al final de nuestra existencia nos encontramos con ella, por lo menos que nos espere con una sonrisa que nos ayude dar el último paso, duro de dar por todo lo que dejamos atrás.

La pluma de Gaiman está tan inspirada como siempre. La sencillez de la historia no opaca la profundidad de las conversaciones entre los personajes desde los monólogos sarcásticos de Sexton, como el que expone por qué solo el suicidio le puede librar del tedio o porque esa chica no puede ser Muerte, a la sucesión de enigmáticos personajes que van de brujas a cantantes. Eso si, todos bailando al paso de Muerte que goza del protagonismo total, sin que nadie se atreva a robarle una sola escena.

El dibujo corre a cargo de Chris Bachalo y Mark Buckingham. La representación de Muerte es fiel al la serie original aunque adaptado al estilo de ambos. El ritmo es rápido y se lee en apenas una hora. Por último, es reseñable que la misma Tori Amos, que inspiró a Delirio y no a Muerte aunque se la compare con esta última, escribiese un prólogo a la altura del personaje. De hecho recomendaría encarecidamente que durante la lectura sonase de fondo un disco suyo. Yo, por ejemplo, lo leí con Little Earthquakes.
 
¿Tengo que leer esto?: Si eres un incondicional de Sandman, sin duda.

Si tuviera que quedarme con un momento, ¿cuál sería?: El momento donde Muerte rebela su identidad a Sexton.

¿Dónde debería leerlo?: De noche, con la música de Tori Amos.

Me ha gustado, ¿dónde hay más?: Tienes todo Sandman para elegir. Si quieres algo relacionado con la personificación de la muerte, puedes leer algún libro de la saga de Mundodisco de Terry Pratchett o si quieres algo distinto, Pulp de Charles Bukowski.

Una última posdata:

No me gustaría vivir en el mismo mundo de la lucha libre profesional o el de la telebasura.

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